domingo, 4 de septiembre de 2011

Dulce sabor amargo

A punto de volver a tener cerquita la tentación. Me enseñan el caramelo, relleno quizás de licor de veneno, me lo quitan antes de dármelo. Y veo claramente como el caramelo, esta vez dulce, muy dulce, es devorado por otra persona que no tiene riesgo a envenenarse con él. Aunque quizá, en algún momento esa persona haya estado a punto de tragar trozos ácidos, y esos trozos ácidos para ella, eran trozos dolcísimos para mi.

Ahora más que nunca, me muero de ganas de probar el caramelo, al menos de rozar con mis dedos el dulce papel prohibido que lo envuelve.

Estoy segura de que ese caramelo, a veces se muere de ganas de sentirse en mis manos y de derretirse en mi boca lentamente...





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