sábado, 30 de julio de 2011

Já...

Y entonces decide abrir los ojos y mirar alrededor, no queda nada de lo que hubo. Ni si quiera quedan ganas de seguir tirando de ese pasado, ni por los buenos momentos, ni por las risas, ni por aquellos abrazos, ni por todas las horas, ni los días, ni los meses en los que había sido la persona más feliz del mundo. Pero el tiempo pasa, y pone a cada uno en su lugar, demuestra cuanta hipocresía había en aquellas palabras cariñosas, en aquellas noches interminables. Cuanto falserío en cada mirada. Y nota como miles de agujas se clavan en sus ojos cuando lee mensajes donde le dicen te echo de menos, para despuer oir de la misma boca duras palabras. Y nota como la cara se le enrojece cuando se da cuenta de lo estúpida que ha sido durante todo ese tiempo, y se siente patética, engañada. Engañada antes y engañada ahora, cuando recibe alguna llamada, y todavía piensa en que quizá se acuerden de ella, y finalmente se da cuenta de que todo es puro hedonismo. Y solo queda el principio de cualquier amistad, el interés para el beneficio propio. Perdiendo lo que es la verdadera esencia de la amistad. Y perdiendo consigo, la amistad en sí, ya no queda nada, si es que alguna vez se pudo llamar amistad.

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