domingo, 5 de junio de 2011

Sin limitaciones.


Me miras, reímos, jugamos, somos dos desconocidos manteniendo una conversación. De nuevo sonríes y yo no sé en lo que pienso. Por debajo de la mesa nuestras manos se acarician, nos pillan, descuido. De nuevo dos desconocidos. Hablamos intercalando mensajes que no deben ser pronunciados, lo sabemos, no está bien. No deberíamos seguir, pero es imposible frenar. Jugamos de nuevo, en público, sin tapujos. Siendo conscientes del peligro, pero quizá no lo suficientemente coherentes. De nuevo nos miramos, hay algo que no es normal entre nosotros, no encaja, no debería encajar. Pero da igual, seguimos, nos levantamos y con una excusa abandonamos la habitación. Un baño, caricias y besos que saben a prohibido, me miras y ahora jugamos de verdad, al límite sabedores de que en cualquier momento alguien puede descubrirnos. Silencios, aceleradas respiraciones, e incluso algún arañazo. Arañazo que quedará como prueba de algo que nunca debió suceder. O sí.


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