sábado, 20 de agosto de 2011

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En silencio, me miras y te devuelvo la mirada. Es como siempre. Calor, sólo en mis mejillas. Te acercas y te susurro al oído, nada ha cambiado amor. Acércate más, así, como si no hubiese nada más, ni aire, ni espacio, ni nada. Acércate, pon tu cabeza aqui, más abajo, ¿puedes oirlo?, es mi corazón que te grita, estoy nerviosa, sé que es el momento y estoy tan feliz que no me lo creo. No lo dudo estoy segura, no me valen tus charlas, no me distraigas. Quiero hacerlo. Acércate de nuevo, dame la mano, ¿qué sientes?. Yo lo siento todo, todo. Me tiemblan las manos y los párpados. Me tiembla la vida solo de pensar que estás aqui, conmigo. Abrázame quiero sentir tu corazón, quiero sentirte a ti. Quiero sentir tu olor... ese que me ha llevado a terminar aqui, en esta situación que tanto antes había soñado. Puedo olerte, esta vez muy de cerca, ahora siento frío, calor, estás dulce, ahora amargo, ahora pichas, y ahora estás suave. Es una montaña rusa de sensaciones, me acerco a tu cuello, poco a poco, sabes a lo que hueles y eso me gusta. Sabes...sabes a ti. Y te pruebo, te pruebo toda la noche, me encantas, ahora más que antes. Amanece, me giro y te encuentro, sonío al verte a mi lado. No me creo que sea real. Nos miramos, nos acercamos y de nuevo...tu olor me empuja a ti. Todo vuelve a empezar, esta vez con el sol como testigo entrando por la ventana de aquel viejo hotel pedido en una montaña.




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